Reproducción asistida: Intervención psicológica por María García Salinas

Según los datos aportados por los estudios epidemiológicos, existe un elevado porcentaje de infertilidad en la población occidental. Se estima que afecta al 15% de la población en edad reproductiva, es decir, a una de cada seis parejas, y experimenta una evolución creciente.

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Las causas pueden deberse a multitud de factores, como el aumento del uso de técnicas de control de la natalidad, retraso en la edad para decidir tener hijos (tanto en el hombre como en la mujer), cambio en los roles sexuales y estilo de vida, aumento de las enfermedades de transmisión sexual, etc.

La mayoría de las parejas infértiles o que se someten a un tratamiento de reproducción asistida (ya sean homosexuales o heterosexuales) consideran este proceso como una de las experiencias más dolorosas y estresantes.

Se ha observado que alrededor del 60% de las mujeres que acuden a servicios de infertilidad presentan síntomas de ansiedad y depresión, también que estos síntomas aumentan cuanto mayor es el número de ciclos de tratamiento recibido. Se apunta como momentos clave a la extracción de óvulos y la transferencia de embriones, como situaciones de mayor vulnerabilidad emocional.

Pero el impacto emocional que supone el tratamiento de los problemas de fertilidad afecta tanto a hombres como a mujeres y puede generar además un desgaste en la pareja, con consecuencias muy negativas si no se soluciona a tiempo. Por tanto los problemas para concebir suponen un duro golpe a nivel individual y de pareja. Los tratamientos de fertilidad sin resultados positivos se experimentan como un duelo por ambos miembros de la pareja, pueden afectar a la calidad de vida y generar o aumentan los niveles de ansiedad, estrés y depresión.

Por tanto, el papel del psicólogo se va a centrar en ayudar al paciente a afrontar y adaptarse al proceso de reproducción asistida, dotándole de las estrategias necesarias que le permitan manejar de forma efectiva las dificultades y el malestar emocional o psicológico propio de las distintas fases de este proceso, que son:

– Decisión de tener un hijo

– Embarazo natural

– Diagnóstico

– Tratamiento

– Resultados

– Embarazo. Adopción. Aceptación.

En este sentido, el proceso de gestión emocional no empieza, desde el punto de vista psicológico, cuando se realiza el tratamiento de reproducción asistida, sino mucho antes, en el momento en el que se decide tener un hijo, es a partir de entonces cuando comenzarán a movilizarse distintos procesos e intentos por conseguir el embarazo, de manera que cada fin de ciclo que no culmine en embarazo afectará emocionalmente a ambos miembros de la pareja (ansiedad, frustración, tristeza, desesperanza, etc) lo que puede mantenerse durante un periodo prolongado de tiempo hasta que se decide acudir al médico especialista.

Una vez que se acude al médico empieza otra etapa de incertidumbre y desgaste emocional, pues antes de recurrir al tratamiento de reproducción asistida (TRA), a no ser que se identifique un claro impedimento biológico, se intentarán otros medios que faciliten el embarazo, como aumentar la frecuencia de las relaciones sexuales e incluso programarlas en función del ciclo menstrual de la mujer, lo que puede afectar significativamente a la relación de pareja, por la pérdida de espontaneidad y la presión percibida.

Esta fase también puede prolongarse con el consecuente aumento del malestar hasta llegar el momento de obtener una respuesta sobre la causa o el porqué de la dificultad para concebir, esto es, el momento del diagnóstico “oficial” que indique la imposibilidad o escasa probabilidad del embarazo natural, lo que implica un nuevo impacto emocional, tanto para el hombre como para la mujer, e independientemente de la causa.

Una vez recibido el diagnóstico y la necesidad de recurrir a un TRA, empieza la fase del tratamiento como tal, que puede vivirse de forma angustiosa o estresante por las expectativas de éxito y la incertidumbre hasta conocer los resultados.

El momento de los resultados, es de especial importancia ya que cada vez que se obtienen resultados negativos de embarazo se experimenta como una pérdida y es por tanto un proceso de duelo. Es un momento muy duro y difícil, dadas las esperanzas e ilusiones puestas en el tratamiento.

Si finalmente no se consigue el embarazo además de la elaboración de la pérdida, existe otra fase de toma de decisiones, relacionada con la adopción como recurso para poder ser padres; si no es posible o no es deseado, el siguiente paso sería la aceptación por ambos miembros de la pareja de que no serán padres.

Todo este proceso, desde que se decide tener un hijo hasta que o bien se consigue el embarazo o bien se asume que no es posible, puede durar años, con el consiguiente impacto emocional y psicológico. Se trata por tanto de un proceso muy largo e intenso en el tiempo, que implica un gran cansancio emocional e incluso una crisis vital. Es por ello que desde la psicología se trabaja para poder ofrecer el apoyo necesario que permita a los pacientes superar con éxito este proceso, minimizando las consecuencias negativas del impacto emocional que supone.

Compartido por Psico-Salud

Fuente oficial: Psiconet.es

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