Cada palabra que hablamos en público o en privado tiene su fuerza y consecuencia.

Cada palabra que hablamos en público o en privado tiene su fuerza y consecuencia. Si las usamos para expresar lo nuestro, sería bueno tener la consciencia que son las semillas que plantamos para construir relaciones.

Después de tanta destrucción es tiempo de cuidar como creamos una nueva realidad.

Porque justo ahora cuidar cuales palabras usamos? Palabras pueden separarnos, destruir, tornarse herramientas de pelea y guerra, ser tóxicas, afectar un alma toda una vida como mensaje que se apega. Ellas pueden destruir o pueden proponer, apoyar, promover y motivar. Palabras de amor que nos aliementan y acompañan en nuestro inconsciente, recordandonos de su aliento cuando las necesitamos.
Es fácil hablar mal del otro, quejarse, culpar. Exteriorizar y proyectar toda la frustración, insuficiencia, dolor … Ahora en esta situación de desacuerdos, polarización en dualidad es tiempo de pensar la unidad, haciendo de la vida una diversidad reconciliada… cómo lograrlo manifestar todos, cada uno en losdetalles de su cotidianidad y en la comunidad social, siendo una gota en el oceano, una arena en el desierto, una hoja en el bosque, una especie consciente en el planeta con todos los hermanos parecidos y diferentes. Para eso sirven las palabras de comunicación e intercambio.

Que sean nuestras ideas las acciones de paz.

Todo comienza con el pensamiento. Ser benevolentes es una virtud.

Desear lo bueno y ser pacífico en nuestra mente y emociones. Intentarlo cada vez de nuevo cuando nos desafia la vida.
Y saber que tenemos un potencial y límites, unas capacidades infinitas que podemos aplicar, corregiendonos a nostros mismos.
Amarnos a nostros mismos para saber como se ama. Responder a nuestras necesidades en lugar de esperar que otros cumplan con nuestras exigencias. Y descubrir las necesidades de nuestros hermanos como su propio lenguaje. Resonderlos con nuestro lenguaje de amor. Aún ellos tienen otro lenguaje del alma aprender de ellos lo que nos falta ver, falta vivenciar para complementarnos en nuestra estrechez con la riqueza que la vida nos propone para aprender del otro.

Si vemos a la propia sombra y la asumimos queriendo cambiarnos, comenzamos a reconciliarnos con nosotros mismos. En lugar de proyectar lo malo a los demás, reconceremos que todos somos luz y sombra, resforzando nuestra luz, ayudaremos que los demás tengan la oportunidad de ser buenos tambien.

Y asi podemos colaborar uno con el otro.

Necesitamos ahora dejar las peleas de opiniones, las tensiones, angustias y buscar un equilibrio dentro de nosotros y proponer la armonia en los hogares, labores y comunidades.

Desalloraremos comprensión y un corazón abierto a la multitud de vida. Todos unimos en nuestra sangre y mente a diversos continentes. No hay mejores y peores razas o partidos. Hay mejores y peores intenciones y acciones individuales de las cuales cada uno se puede responsabilizar, cada dia, con atención y amorosidad como trata a si mismo y examinarse como trata al otro.

Amanda Strätker

Compartido por Psico-Salud

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