Vida y pasión



En su interior había este instinto indomable, y por supuesto ella conocía su nombre: era la pasión. No era muy prudente mostrarlo, ni siempre bienvenido, y así Isis lo había escondido a veces. No sabía si por tener tacto o ser diplomática o al final porque nadie sabía cómo lidiar con su fuego, por supuesto fuera de ella misma. Pasión, una calidad hirviente, a veces material explosivo, a veces seguía el fuego lento. Su pasión merecía una sonrisa de apoyo, en secreto.

No mostrarlo, mejor simular seriedad, responsabilidad, no molestar a nadie con este monstruo, que le habitaba. La habían comentado que era demasiada intensa, que cuando entraba era como recibir a un grupo de diez, pero a pesar de estos comentarios que le quedaban grabados en su mente, ella sabía que su energía vital era importante y que había otras personas que la buscaban para tener en su día a día de rutina gris la necesidad de contagiarse de su vida apasionada.

Isis, si, tenía una relación con su pasión, una cierta complicidad con su compañero de vida. En su juventud hacia menos esfuerzo de adaptarse a esa vida aburrida. Con su pasión vivía muchas aventuras, salía a su gusto a donde quería, con el entusiasmo de entregarse a la vida y fundirse con ella, cueste lo que cueste. Era espontánea, impulsiva y guerrera, una soñadora de un mundo mejor, una soñadora activa. Muchas veces encontraba a otros seres encendidos y así los días y noches compartidos fueron plenos.

Nunca se había quejado que no se sentía realizada. Con su pasión expresada, conquistaba al mundo. O permitía que el mundo la secuestrase. La naturaleza era su lugar favorito, donde no había limites sociales, simplemente un espacio en el cual ella podía cantar, llorar, abrazar a los árboles y experimentar en un bosque su primer beso. Estaba apasionada de los animales salvajes, de su libertad de ser y seguir a su instinto, estar en paz y contentos por la armonía de su ambiente. Ella sentía que era parte de la misma biosfera y que los animales no eran hechos para cumplir con las necesidades de los humanos, cumpliendo con sus carencias en intercambio de estar domados, dependiente de su protección, alimentación y perdiendo completamente su instinto inherente. Esta domación no era natural, era un asunto egoísta del ser humano. Isis nunca sería prisionera como los animales domésticos, perdiendo a favor de sus dueños su sentido de libertad, de cuidarse a sí misma, de usar su olfato y su instinto para seguir su naturaleza. Este robo de vida, se juraba, a ella no le iba a pasar.

Eso fue en su juventud. Había pasado noches de ternura, ya que la sensibilidad de ella era parte de su pasión, envolver su secreto con la melodía de su corazón y fluir con su alma viva a descubrir el mundo inmenso del amor, perderse, fundirse en los encuentros amorosos y seguir su intuición, donde había esta sensación de integridad.
Y en la edad avanzada cuando no percibía su amor y pasión en un encuentro, sea en una relación estable o con un amante fugaz, se salía de repente sin excusas, manteniendo el pacto con ella misma, de no vivir ni nada falso, ni nada aburrido, solo por cumplir.

Su pasión estaba en su imaginación, en sus sueños hacia una vida repleta de sorpresas y la creatividad era su lenguaje, la expresión de su pasión. Ir mas allá, de lo que se veía a primera vista, ir más profundo de lo agradable y arriesgarse a ser, sentir, mostrar y enfrentar a las reacciones, sin ninguna duda, ya que la sinceridad no temía los argumentos ajenos, los deja existir con su propio derecho a ser diferente.
De adulta su vehemencia seguía, pero sin darse cuenta hacía caso a las expectativas ajenas de tranquilizarse, apagarse, de hacer menos acciones motivadas, de menos miramiento, menos bulla, tomar menos espacio, estar menos viva y libre. Las heridas de la vida que le quemaba de vuelta, la hacían más decente y a veces se rendía y decidía no apreciar, no arriesgarse, no sentir nada más.

Nunca le había faltado el respeto, ni de fineza, solamente extrañaba la intensidad en la cual vivía, era una carencia nueva, una costumbre incomoda por solicitud de los demás. Por la demanda ajena. Perdía su pasión poco a poco, haciendo espacio a una vida en discreción. Era una vida más plana, más dedicada a encajar y cosechar los resultados. Funcionaba de este modo mejor, recibir lo que quería, por callarse, por hacerse la indiferente y manipular en la dimensión menos obvia, como lo hacían los demás. Interiormente Isis era la misma, una soñadora activa y ardiente. Como si fuera la pasión un enemigo de combatir, vencer y solamente permitido en el deporte o la comida o la sexualidad. Le parecía que los demás tenían una imaginación bastante estrecha y controlada por los espacios permitidos donde se les da opción de existir y moverse bajo criterios limitantes.No era comprensible para Isis, que las decisiones ajenas podían influenciar el contacto que uno tenía consigo misma y seguía firme con su deseo de experimentar su vida a su modo, a penas que lograba hacerlo, un día. Hasta las reglas en las casas espirituales, que visitaba para sanarse de sus heridas, mataban su espontaneidad y cuestionaban con su dictado impuesto a su pasión, que conformaba su bienestar natural. ¿Cómo comprender a este mundo? ¡Ni allá había la confianza que cada ser humano, tiene un barómetro que le indica cómo ser libre sin lastimar a los demás!

Observaba a los bebes y niños, a su ser puro y sus expresiones, su plena libertad que poco a poco se les regulaba a los demás, como a los jóvenes que en su vehemencia chocaban y se les quitaba su hambre y curiosidad con vigilancia, reglamentos e inhibiciones de su instinto vivo de querer más de la vida que ser uno más que absorbe algo acordado, quitando la pasión de su alma y ofreciendo nada en especial a cambio. Isis era aún como estos jóvenes, la misma energía nunca la había perdido, era cómplice de lo salvaje en ellos, de lo directo e ilimitado de las criaturas inocentes. Guardando dentro de ella la chispa, como un tesoro, sin dejar que nadie la cuestione, ya que estaba menos en la superficie y así menos apta de ser criticada o cuestionada. Seguía con su pasión a la creatividad, a viajar, a amar la vida y a sentirla a su modo, sin ser censurada. Pero con menos aliento, menos intensidad, menos insistencia, menos espontaneidad, menos fuerza de voluntad, menos energía, menos alegría, menos coraje. Este cansancio también era contagioso.

Isis, decidió conectarse con su curiosidad nuevamente, esta facultad que tenía en su mente para enlazarse con su interior y su alrededor. Era una de sus aventuras favoritas investigar, ocupar su mente imaginativa con lo que le podría proporcionar placer. La pasión era por supuesto una fuente de placer para su alma o su cuerpo y a veces para ambos a la vez. La curiosidad era un instinto de abrir las puertas hacia temas que lograban ser de ayuda favorable a una vida placentera. La curiosidad ella la conocía como la llave que usaba no solamente para sus aventuras, también para su vida de filósofa y escritora, imaginándose soluciones de vida para resolver los obstáculos que bloquean la plenitud. No solamente la imaginación que existe es un poder de cambiar las cosas, más bien también crear la realidad con lo que la mente anticipa y se inventa para forjar el camino, con espontaneidad y con la paciencia de accionar en los momentos adecuados para las grandes transformaciones.

Se lhace camino antes, las preparaciones surgen con inteligencia emocional para que el entorno de Isis esté sin resistencia al cambio. A la gente no les gusta estar sorprendida con nuevos condicionamientos, tampoco les gusta adaptarse a nuevas costumbres, así que hay que tener sutileza y prudencia para preparar el terreno que les convence a la indirecta que la vida es envía para cambiar.
Tal vez ellos mismos tendrán curiosidad o pasión o al menos estarán abiertos a nuevas vías creativas para un bienestar asegurado. Isis se reía dándose cuenta como había pensado esta última oración, un bienestar asegurado significaba crearles una nueva zona de confort. Pero la verdad era que ella no quería preparar ambientes para los demás, más bien encontrar compañeros apasionados con una propia motivación y ganas de vivir los cambios de vida. Solamente no le pertenecía cambiar a los demás, solamente a sí misma y sus propias condiciones. Tampoco era volver a sus pasiones infantiles y de la juventud para copiarlos y repetirlos, ya que su ser había madurado y con una mente consciente la pasión se siente diferente.

Descubrir lo novedoso, explorar a lo desconocido, hacerlo conocer para que tenga utilidad, eso era su pasión. La mente necesitaba su fantasía creativa y a su alma ardiente para que un anhelo vago se vuelva realidad y haga la revolución. La revolución es un proceso y la pasión tiene sus tiempos de elaborar como su hermana la paciencia tiene sus tiempos de posibilitar que se madure la semilla, mientras la pasión seguía iluminándola con su sol despertado y regándola con su agua mágica. La pasión acompaña a la paciencia hasta que el fruto madure por completo y allí sale a ofrecerlo para los seres curiosos. Una fruta de un cultivo fértil que acontece entre pasión y paciencia, entre cielo y tierra, entre deseo y realidad.

La reflexión interpretaba las experiencias de Isis y su pasión inventaba la nueva creencia, su coraje le proponía como verdad y su paciencia la consolidaba hasta que se volvía un hecho.
Isis ampliaba su concepto nuevamente: Eran cuatro mellizos, la paciencia y prudencia de la edad avanzada, después la investigación y reflexión de la edad media, después la imaginación y pasión de la juventud y al final el coraje y la curiosidad de los niños.
Eso fue ya un paquete bastante grande y la pasión comprendía por fin que para ser efectiva y vivir su esencia tenía que entenderse bien con sus hermanos y colaborar con ellos.
Los frutos existen como hechos, tal como existen las enfermedades. Y existen muchas creencias diferentes sobre la causa y la solución de las enfermedades, creencias que proponían diferentes opiniones como sanarse y lo declaraban como verdad. Y esto funcionaba sólo con algunas personas, porque Isis sabía que dependía de la fe de la gente, en su creencia y en lo que confiaban, y con la pasión (fuego) de querer curarse ellos lograban hacer el proceso de su intención.

Cerraba su universo con la conclusión, que la fe y la confianza eran el origen que movían las montañas, los padres de estos cuatro mellizos. Cada hijo tenía una misión, su lugar que ocupaba en esta familia y la armonía dependía del equilibrio de acción que se permitían entre ellos, en una colaboración para que el sistema funcionara.

La vida era una sinfonía. Esta imagen le gustaba a Isis, saber que la pasión no es una guerrera solitaria para ganar a alguien, sino que es un fuego poderoso y peligroso, y muy importante para el mundo. Aprendió a no juzgar más a su hermana paciencia que estaba aburrida y no quiso condenarla, porque todo puede servir a la misma meta y pueden ayudarse entre ellos.
Isis, ya no era la indomable, era una existencia importante en un equipo donde nadie estaba por demás, ni indispensable. El mundo ya no la interpretaba como enemiga, como amenazante, como controversia, el mundo la entendió como un tesoro lleno de oportunidades y aprendizajes.

Isis, un día salió de su casa y se lanzó al mundo… se convirtió en una aprendiz de la creación de su destino y en su universidad había otros alumnos con los mismos dones y talentos.

Amanda Strätker

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