Cambiar

Me gusta pensar que ningún pasado es destino.
Me encanta.
De hecho no lo pienso. Lo sé.
Las heridas del pasado, dejan su huella en forma de cicatriz, que de vez en cuando vale la pena volver a visitar.
Y no como impulso masoquista, sino como la receta de un recuerdo que nos grita » no repetir «.
No todo trauma es un suceso plantado en un día
una hora
un año, que queremos olvidar.
A veces las heridas son las cosas que no sucedieron nunca. Las consecuencias de nuestras propias elecciones mal tomadas. O incluso de las bien tomadas, pero que no sabíamos lo que significaba tener eso que queríamos tener.
Pero qué importa.
No somos estáticos.
El ambiente, que todos los días volvemos a elegir, es nuestro consuelo.
Nuestra posibilidad infinita de reparo.
Es ahí se anida la esperanza de saber que todo cambio es posible.
El amor, las caricias, el cuidado y la ternura de un mundo construido ladrillo a ladrillo, lo modifican todo.
Y cuando digo todo, también digo pasado.
Porque lo que allá sucedió por exceso o carencia, ahora y acá, puede buscar su compensación y entonces dejar de ser condena para ser liberado en un ritual de sanación interior.
Hay gente que sigue con la única parte de su corazón que quedó indemne a los golpes de la vida.
No sólo siguen.
Son portadores de cambio.
Plantan la semilla de un » se puede » que germina en su propio camino.
Y así, uno los ve, cambiando su historia y también y muchas veces, la del mundo entero.
Se puede abrir la jaula sin tener la intención mágica de destrozar las rejas.
Cada reja es una herida que no va a borrarse. Nada se deshace.
Solo se puede pretender que esos golpes sean recuerdos y no destino.
¿Cómo ?
Una pequeña esperanza.
Recobrar el amor propio, muchas veces perdido y dejado de lado.
Y sobre todo y porqué no, revisar el equipo que fuimos armando y darnos el permiso y la oportunidad, de cuestionarnos si el equipo de suplentes, no merece desplazar al equipo de titulares.
Muchas veces, debemos cambiar las prioridades y  levantar a jugar con nosotros a quienes sentamos en el banco equivocado.
Cambiar.
Siempre se puede cambiar.

Lorena Pronsky
Instagram: @lorepronsky

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