MEDITACIÓN DE UN POETA ANÓNIMO 


La luz del sol bañaba la pradera

con una displicencia que dolía;

árbol, gusano, piedra: todo era

bañado por igual, día tras día.
El Tiempo resbalaba sobre la era

con una dejadez que adormecía

y a las quejas del Hombre: «¡Para, espera!»

al eterno dolor sordo se hacía.
La fuente susurraba placentera

monótona y suave melodía;

su paz cruel, mordaz insulto era

a la inquietud del Hombre que vivía.
En el campo, en el cielo y por doquiera

la luz su diente hincado había

y el Hombre menos que un guijarro era

en aquella impertérrita armonía.

Compartido por Psico-Salud

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: